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Publicado el 27 de Abril de 2011 en Asignatura

El profesor de Religión y pastoralista Salas Ximelis nos deja este artículo en la revista "Aldebarán" que por su calidad reproducimos aquí:

¿Más gimnasia y menos religión?

"Exigimos que una materia garantizada por la Constitución deje de estar acosada"

Antonio Salas Ximelis, 26 de abril de 2011 a las 11:28

PortadadelnúmerodeabrildeAldebarán

Portada del número de abril de Aldebarán

(Antonio Salas Ximelis, en Aldebarán).- Han pasado siete años de un eslogan ("más gimnasia y menos religión"), que se ha pretendido que cuajara para lograr un cambio en la sociedad. Algunos lo han calificado de "ingeniería social". Son muchos los botones de muestra de la política de acoso, pero no de derribo, a la enseñanza de la religión y a la religión católica, por parte del autor del eslogan.

Por, destacar algunos, podríamos señalar el hecho de justificar la defenestración de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación con el falaz argumento de que esta ley pretendía hacer obligatoria la enseñanza de la Religión; la derogación del Real Decreto que legislaba acerca de esta enseñanza; la imposición de una legislación derivada de la LOE con la pretensión de dar "jaque mate" a la misma, introduciendo en su desarrollo legislativo, como alternativa, las Medidas de Atención Educativa (MAE), que ha supuesto que en los centros la elección sea, de una manera efectiva y vulnerando la misma ley, elegir entre religión o nada.

Y no digamos del Bachillerato que, al no contemplar ninguna alternativa, ha facilitado que la enseñanza de la Religión se la sitúe a primera o a última hora y se haya producido un descenso vertiginoso de demanda, ya que se exige ser héroes para elegirla.

Se ha fomentado la desaparición de símbolos religiosos, la retirada de crucifijos donde aún existían, pues hace ya muchísimos años que no se dota de ellos a los centros. En resumidas cuentas, el deseo de recluir la religión al ámbito de lo privado; caricaturizar la labor de los docentes de Religión como adoctrinadores, catequistas o evaluadores de la fe; y, gracias a Dios, menos mal que no ha llegado a ver la luz la cacareada ley de libertad religiosa, que pretendía precisamente todo lo contrario: cercenarla.

La vigente ley, que es de 1980, ni nombra a la Iglesia católica por mucho que se nos haya vendido que era necesaria dicha ley para acabar con los privilegios de esta confesión. Y el Presidente del Gobierno, que ha hecho de todo ello bandera, y que con gestos y palabras ha demostrado ese desprecio hacia la religión católica, acaba de decir que no se presentará a las próximas elecciones.

Es difícil encontrar a alguien tan sectario y tan beligerante contra una concreta religión, la católica. Sus hechos y dichos están más cerca de una mentalidad laicista que de una laicidad positiva tal y como la presentó su homólogo francés Sarkozy. A pesar de su política laicista, en el presente curso han elegido la asignatura de religión católica 3.172.537 alumnos frente a 1.297.654 que no la han elegido. Lo cual supone un 71%. Mal que le pese, por algo será.

Quienes creemos que la religión ha jugado, juega y jugará un papel importante en la vida de las personas y en la vida de las sociedades, y que la libertad y no la imposición es un bien preciado que hay que fomentar, debemos alzar la voz para exigir que una materia curricular garantizada como derecho fundamental por nuestra Constitución deje de estar arrinconada, acosada.

Queremos que siga siendo, para aquellos que libremente deseen elegirla, un ámbito de experiencias y conocimientos que fomente su desarrollo integral, que les ayude a plantearse preguntas de sentido, que les permita comprender mejor la historia, el arte, la sociedad, la música, la literatura... y les aliente para ser mejores personas y mejores ciudadanos.

Y ello podemos exigirlo nuevamente a quienes vayan a gobernar las Comunidades Autónomas a partir del 22 de mayo. La excelencia no se mide solo por los conocimientos, debe medirse también por la calidad y calidez humana de quienes se forman en nuestras aulas. Y a esa excelencia contribuimos, en todos los rincones de España, los profesores y profesoras de Religión.

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